Olorosas, feas, de hábitos nocturnos, nada simpáticas. Con todas esas características ¡nadie las quiere!. Pero claro, también, pocos las conocen realmente. Así grande fue el susto que se dio el vecino que mató a una mamá comadreja cuando observo que desde algo que se parecía a una bolsa que se encontraba en el abdomen, salían crías. ¡Hasta allí llegó su instinto depredador! Ese instinto que los humano solo atribuimos a los animales, pero que ellos utilizan por necesidad alimentaria y nosotros respondiendo a ¡vaya a saber en respuesta a que mecanismo de primitiva búsqueda de placer!. 

 Volviendo al vecino, su sensibilidad hizo que se apiadara de las crías que terminaron como huéspedes en nuestro complejo. Aquí nuestras “comadres” (no las comadrejas sino las chicas cuidadoras), con dedicación lograron que aceptaran un pequeño biberón, y acá las tenemos. Dóciles y agradecidas se prestan gentiles para que les mostremos a nuestros visitantes un poco del “raro” mundo marsupial. Todos terminan entendiendo que como cualquier otro animal ellas, también tienen derecho a la vida. Y al fin al cabo de tanto mirarlas, ¡de tan feas terminan siendo lindas!